Viaje a Francia en París

Viaje a Francia en París

Francia

Viaje a parís
Un paseo verde suspendido sobre París (la promenade plantée)

No creo que todos los turistas que van a París todos los años conozcan este paseo.

Lo cierto es que, con todas las maravillas que ver, con todos los lugares que visitar, este itinerario queda algo descuidado.

En mi segunda estancia en París (mayo de 2011), que fue más larga que la anterior, decidí que también vería el “Promenade Plantée”.

Mi hotel estaba bastante cerca de la Avenue Daumesnil que, durante un largo tramo, flanquea el viaducto que una vez albergó una línea de ferrocarril, activa desde 1859 hasta 1968 ..

Cuando todo el tramo fue cedido por la SNCF al municipio de París, el recorrido se fue transformando gradualmente, integrando las antiguas estructuras de la línea con la vegetación, en parte ya existente, y completando todo con una exuberante naturaleza en la que los verdes e infinitos matices de colores de las muchas flores, especialmente rosas.

En los numerosos bancos de esta original ruta se detienen personas mayores, familias con niños, turistas, tintoreros y jardineros.

De vez en cuando, al caminar, aparecen destellos de la ciudad.

Muchos de los "corredores".

Hay una atmósfera de ligereza y paz.

A ambos lados del paseo marítimo, de vez en cuando, se puede acceder a las calles de la ciudad mediante escaleras.

El recorrido tiene unos 5 km de largo y tiene una gran variedad en sus aspectos: ahora discurre entre edificios, ahora está inmerso en jardines, incluso se extiende, ahora pasa bajo arcos, ahora sube a un puente colgante.

Después del hermoso Jardín de Reuilly, decorado con estatuas ornamentales, camino un poco más y regreso a la Avenue Daumesnil.

Pero el paseo aún continúa ...

En la concurrida avenida, las altísimas bóvedas del Viaduc des Arts, un lugar frecuentado por amantes del arte y turistas, atraídos por las numerosas tiendas.

Rita Risoli

Nota
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En París

Rita y yo vamos a menudo a París, que es fácilmente accesible en TGV desde Turín por 29 euros por trayecto.
Nos instalamos en el Hotel Jules Cesar, cerca de la Gare de Lyon, ya habíamos estado allí antes, habitación doble, todos los servicios, sin desayuno 90 euros. Comenzamos la visita con un recorrido por la zona de Les Halles, que estará sujeta a grandes cambios, caminamos por calles estrechas y concurridas, algunas peatonales, con una alta densidad de discotecas y bistrós.
Llegamos al Centre Pompidou (Beaubourg), una obra maestra de la arquitectura contemporánea que por sí sola merece una visita, que alberga las colecciones de arte moderno y contemporáneo, entre las más ricas del mundo.

La plaza de enfrente siempre está llena de gente joven. Al lado, la Fuente Stravinsky, un pequeño estilo de Disneyland, es muy popular entre los niños que acuden en masa para ver los coloridos robots moviéndose en el agua.

En los días siguientes continuamos nuestros paseos, paramos en Place Vendome, una de las plazas más bonitas y elegantes de la ciudad, de forma octogonal, rodeada de edificios de época, de estilo neoclásico, con frontones y columnas, fue diseñada por Mansart , bisnieto del arquitecto de la Place des Vosges, es el reino del lujo, hogar de joyeros famosos y grandes nombres de la moda, las ventanas no son muy llamativas, pero las joyas son impresionantes. En el centro, la columna de Austerlitz.

Continuamos por la Rue des Petites Champs, nos encontramos y visitamos algunos "Passages", galerías comerciales, un poco estrecho, lleno de pequeñas boutiques, algunas originales, luego la Place des Victoires y el Palais Royal.

Llegamos a la Catedral de Notre Dame, notamos la presencia de la fea escalera frente a la fachada, visitamos el interior, disfrutando de la vista (con prismáticos) de las vidrieras, pocas de las originales de la Edad Media.

Terminamos el día con un té de menta especiado y dulces en el café original de la Mezquita de París. El edificio es bastante anónimo, mientras que el interior parece imitar a la Alhambra.
Visitamos algunos museos, en el Grand Palais visitamos la exposición dedicada a Georges Braque "el pintor de intelectuales" cuyo estilo fluctuaba entre el fauvismo y el cubismo, las obras provienen de todo el mundo, nos gustaron especialmente sus primeras obras.

El Grand Palais es un palacio imponente con un techo de cristal en forma de cúpula que siempre ha albergado grandes ubicaciones temporales.

Luego al Petit Palais, similar al primero, con una entrada monumental algo barroca, donde visitamos el Musee des Beaux Arts, una vasta colección de obras de arte: pinturas, tapices, esculturas, muebles, etc. que van desde el arte egipcio al moderno, predominantemente obras francesas, las obras flamencas están muy presentes (Durero, Rembrandt, Van Eyck, etc.), cierta presencia del Renacimiento italiano, numerosos impresionistas, dos salas están dedicadas a iconos rusos. El museo es muy interesante, no es muy popular a pesar de ser gratuito.

Luego el Museo de Orsay, para la exposición Masculin / Masculin, una exposición de obras de desnudos masculinos desde el siglo XIX hasta la actualidad, que ha despertado mucha controversia, muchos grandes pintores como Man Ray, Schiele, Cezanne. Luego pasamos a la exposición permanente, el museo es el templo del impresionismo.

Almorzamos en el elegante restaurante de la 1ª planta, con bóvedas con frescos, espejos y decoraciones en las paredes, el plato del día unos 15 euros.

Hicimos una excursión por el Canal San Martín, salimos en barco desde el Sena, zona de la Bastilla con destino Port de la Villette, pasamos en un túnel bajo la plaza, para superar los 25 metros de altitud cruzamos una docena de esclusas, Ves un París fuera de los caminos trillados, muchas también las áreas escénicas bordeadas de árboles, fue una experiencia agradable e interesante.

Luego Versalles, para revisar el Palacio y los jardines, que han sido restaurados a lo largo de los años, ahora el Palacio y los Jardines han vuelto a su antigua gloria, y puedes verlos como los vio Luis XIV. Cabe destacar que este año se cumplen 400 años del nacimiento de André Le Notre, creador de los jardines cuyo estilo se extendió por todo el mundo.
Grandes multitudes para admirar la Galerie des Glaces y las salas reales con bóvedas con frescos, paredes con lujosas decoraciones y tapices, particularmente en las habitaciones de la reina, sin embargo, no hay muchos muebles originales. Tenga en cuenta que el Palacio Real también es un museo, también puede ver obras de Veronese y Domenichino.

Por supuesto, un recorrido por las calles comerciales no podía faltar, por eso el Bd. D'Hausmann, donde en las aceras, para la multitud, es difícil caminar, visitamos los grandes almacenes Printemps con un magnífico edificio abovedado, y las Lafayettes, son casi todos los grandes nombres de la moda, por supuesto, son distintos de la Place Vendome y la avenue Montaigne.
Luego camine hasta Montmartre y Pigalle. La iglesia y el parterre del Sacrè Coeur están siempre abarrotados, también para disfrutar del panorama de la ciudad, luego nos perdemos por las calles entre pubs, banquetes con cuadros etc., también pasamos frente a lo que fue el famoso Moulin de la Galette, pintada por Renoir, prácticamente no queda nada, en su lugar un restaurante.

Llegamos a Place Blanche alrededor de las 7 pm, por la acera del histórico Moulin Rouge, una fila larga y variada espera para ingresar, es bastante impresionante ver gente en esmoquin y mujeres con vestidos largos, con otras con mochilas y camisetas. , a pesar del paso del tiempo, el Moulin aún guarda mucho encanto entre los turistas.
La última noche, un recorrido nocturno por Notre Dame y March Fields para ver la Catedral y la Torre Eiffel iluminadas.

Notas útiles:
Las comidas para el almuerzo casi siempre íbamos al Bazar de autoservicio del Hotel di Ville, no es alta cocina pero los precios son bajos para París, hay de todo. varios tipos de pastas y carnes cocidas al momento, pizzas, pescados, ensaladas modulares. Está en el quinto piso, con una hermosa vista de París y el Sena.
por la noche fuimos a varios bistros baratos:
Le Moliere en rue st. Honorè, Café L’imprimeri en rue Coquilliere, frecuentado por jóvenes.
Le bistrot D’Eustache, bistró histórico los viernes y sábados por la noche música tranquila Todo con precios medio-bajos de entre 15 y 20 euros cada uno.
Le Bistro de Montmartre avenue Rachel (cerca de Moulin Rouge), un poco más caro, un lugar con muebles más refinados, cocina media.


París

Entre las ciudades más románticas y evocadoras del mundo, la capital francesa se encuentra entre los destinos europeos más populares. Un recorrido por París es una oportunidad para descubrir esta elegante y encantadora ciudad, un verdadero museo al aire libre que también es el corazón histórico del país.

Además de ser la primera ciudad en iluminar sus calles y sus símbolos con luz eléctrica, y por eso fue bautizada como Ville Lumière, fue precisamente aquí donde se afirmaron los principios de libertad, igualdad y fraternidad.

Los viajes a París son una oportunidad para descubrir una ciudad rica en cultura, arte y estilo.

¿Cuáles son los principales eventos y festivos en París? | ¿Cuáles son los principales lugares de interés para visitar en París? | ¿Cuáles son las principales razones para ir a París? | ¿Cómo moverse por París?

¿Cuáles son los principales eventos y festivos en París?

Dinámica y llena de vida, la ciudad es un importante centro cultural europeo y cuenta con un calendario completo de eventos. Entre los numerosos eventos parisinos que durante el invierno atraen visitantes de todo el mundo, cabe mencionar los característicos Mercados navideños, pero en el mágico ambiente navideño también es posible divertirse en las pistas de patinaje, admirar la noria y disfrutar de un París completamente iluminado.

París no pierde su encanto indiscutible incluso en la temporada de primavera, durante la cual los árboles en flor que bordean los bulevares se iluminan con colores brillantes. En estos meses el Maratón internacional de París, que va desde la Place de la Concorde hasta el Hipódromo de Vincennes. La ciudad también sabe cómo involucrar a quienes no son amantes del deporte, de hecho, entre finales de abril y principios de mayo, París acoge una de las mayores exposiciones Europeo, donde podrá disfrutar delicias gastronómicas y admirar las últimas ideas del diseño del hogar.

En cambio, el verano se dedica a festivales de teatro, danza y música como el famoso Fête de la musique, una cita dedicada a la música internacional prevista para finales de junio. La música sigue siendo protagonista de los festivales otoñales parisinos, pero en esta época del año es posible organizar un viaje a París también para asistir Fiesta de la cosecha, celebrada a principios de octubre, o para degustar las últimas especialidades en el campo del chocolate en Salon du Chocolat, entre octubre y noviembre.

¿Cuáles son los principales lugares de interés para visitar en París?

Hay muchas cosas que ver en París. Famoso por el Torre Eiffel, símbolo de la ciudad, la capital francesa encierra en sí otros lugares y joyas arquitectónicas que contribuyen a hacerla única, como el Campos Elíseos, una amplia y majestuosa avenida que conduce a la Place Charles De Gaulle, donde elArco del Triunfo, un monumento construido para celebrar las victorias de Napoleón Bonaparte.

Entre las principales atracciones que no debe perderse durante los recorridos en París, no se pueden olvidar los museos, entre los que Lumbrera, y el catedral de Notre Dame, un ejemplo excepcional del gótico francés.

Además de visitar los interesantes museos, la parque zoologico ciudadano y yo pasajes, galerías cubiertas para ir de compras, entre las cosas que hacer en París son pasear por avenidas arboladas y mini cruceros por el Sena, gracias a lo cual es posible admirar la ciudad desde una perspectiva inusual.

¿Cuáles son las principales razones para ir a París?

Hay muchas razones para visitar París: dámelo monumentos icónicos ai grandes parques, así como ai amplias avenidas, la magia de la capital francesa impregna cada rincón. Ciudad de las mil facetas, París sabe asombrar y conquistar al visitante, que puede experimentar el placer de caminar por las calles, dejándose guiar por el aroma de las baguettes recién horneadas, pasear por el Sena disfrutando de las luces de los sugerentes Ville Lumière.

¿Cómo moverse por París?

Moverse por París no es una tarea difícil. De hecho, la ciudad cuenta con un eficiente sistema de metro y varios líneas de busque garantizan la posibilidad de moverse con facilidad por toda la metrópoli. Usar el metro es la forma más rápida y económica de moverse por la ciudad, pero también puede confiar en líneas ferroviarias (RER), así como a los numerosos tranvías carreteras de circunvalación de los suburbios.

París

Entre las ciudades más románticas y evocadoras del mundo, la capital francesa se encuentra entre los destinos europeos más populares. Un recorrido por París es una oportunidad para descubrir esta elegante y encantadora ciudad, un verdadero museo al aire libre que también es el corazón histórico del país.

Además de ser la primera ciudad en iluminar sus calles y sus símbolos con luz eléctrica, y por eso fue bautizada como Ville Lumière, fue precisamente aquí donde se afirmaron los principios de libertad, igualdad y fraternidad.

Los viajes a París son una oportunidad para descubrir una ciudad rica en cultura, arte y estilo.

¿Cuáles son los principales eventos y festivos en París?

Dinámica y llena de vida, la ciudad es un importante centro cultural europeo y cuenta con un calendario completo de eventos. Entre los numerosos eventos parisinos que durante el invierno atraen visitantes de todo el mundo, cabe mencionar los característicos Mercados navideños, pero en el mágico ambiente navideño también es posible divertirse en las pistas de patinaje, admirar la noria y disfrutar de un París completamente iluminado.

París no pierde su encanto indiscutible incluso en la temporada de primavera, durante la cual los árboles en flor que bordean los bulevares se iluminan con colores brillantes. En estos meses el Maratón internacional de París, que va desde la Place de la Concorde hasta el Hipódromo de Vincennes. La ciudad también sabe cómo involucrar a quienes no son amantes del deporte, de hecho, entre finales de abril y principios de mayo, París acoge una de las mayores exposiciones Europeo, donde podrá disfrutar delicias gastronómicas y admirar las últimas ideas del diseño del hogar.

En cambio, el verano se dedica a festivales de teatro, danza y música como el famoso Fête de la musique, una cita dedicada a la música internacional prevista para finales de junio. La música sigue siendo protagonista de los festivales otoñales parisinos, pero en esta época del año es posible organizar un viaje a París también para asistir Fiesta de la cosecha, celebrada a principios de octubre, o para degustar las últimas especialidades en el campo del chocolate en Salon du Chocolat, entre octubre y noviembre.

¿Cuáles son los principales lugares de interés para visitar en París?

Hay muchas cosas que ver en París. Famoso por el Torre Eiffel, símbolo de la ciudad, la capital francesa encierra en sí otros lugares y joyas arquitectónicas que contribuyen a hacerla única, como el Campos Elíseos, una amplia y majestuosa avenida que conduce a la Place Charles De Gaulle, donde elArco del Triunfo, un monumento construido para celebrar las victorias de Napoleón Bonaparte.

Entre las principales atracciones que no debe perderse durante los tours en París, no se pueden olvidar los museos, entre los que se encuentran los Lumbrera, y el catedral de Notre Dame, un ejemplo excepcional del gótico francés.

Además de visitar los interesantes museos, la parque zoologico ciudadano y yo pasajes, galerías cubiertas para ir de compras, entre las cosas que hacer en París son pasear por avenidas arboladas y mini cruceros por el Sena, gracias a lo cual es posible admirar la ciudad desde una perspectiva inusual.

¿Cuáles son las principales razones para ir a París?

Hay muchas razones para visitar París: dámelo monumentos icónicos ai grandes parques, así como ai amplias avenidas, la magia de la capital francesa impregna cada rincón. Ciudad de las mil facetas, París sabe asombrar y conquistar al visitante, que puede experimentar el placer de caminar por las calles, dejándose guiar por el aroma de las baguettes recién horneadas, pasear por el Sena disfrutando de las luces de la sugerente Ville Lumière.


Viaje a Francia en París

Después de las vacaciones de verano, archivadas desde hace un tiempo, y las de Navidad y Año Nuevo que no nos han visto hacer cosas del otro mundo, aquí en Semana Santa, o mejor dicho, la semana antes de Pascua, para ser precisos, decidimos ir y hacer una gira por Francia.

Tomamos el equipaje, cargamos el auto, confiamos los hámsters a conocidos dispuestos, los peces en el acuario estarán bien y vámonos.

El viaje de ida (a la aventura) es todo un tramo, los kilómetros viajan rápido bajo las ruedas y los 850 que nos separan de la capital del otro lado de los Alpes fluyen rápidamente, aunque un día de viaje lo lleve todo. Y así aquí estamos en la autopista, la A4 y luego la A5 hasta el túnel del Mont Blanc y la entrada a Francia desde Chamonix, aquí después de unos kilómetros volvemos a la autopista, lo siento, "autoroute" más precisamente la A40 ". blanche "que es" White "porque conduce al Mont Blanc, de hecho. La A40 con un giro sinuoso nos lleva hacia la A6, que aquí se llama "autoroute du soleil", ya Autostrada del sole, incluso los primos franceses tienen una.

La carretera conduce directamente a París, nuestro primer destino, por lo que en la tarde de un sábado de primavera llegamos a la capital de Francia y nos adentramos en el bulevar fantasma periférico, una especie de gran circunvalación, pero más comparable a la circunvalación 90-91. carretera en Milán más que en el GRA romano, resultado: embotellado general, es difícil avanzar (y después de un día de viaje el esfuerzo es el doble) y en este punto (son las cinco de la tarde) es necesario buscar alojamiento , tratemos de seguir adelante en este sentido en la ciudad, pero lamentablemente no hay lugar.

Llevamos aproximadamente una hora en la ciudad y finalmente alguien nos señala un hotel a las afueras de París, en Aubervillier, al norte de la ciudad. Vamos allí y buscamos un lugar en dos habitaciones dobles, la acogida es profesional, las habitaciones cómodas, la conexión a Internet por una tarifa y no hay escobilla en el baño (¡Argh!), Bueno, ¿rarezas francesas? ¡Por suerte las almohadas son normales! Ahora para comer que ya es tarde entramos en el pueblo y llegamos a un restaurante italiano improbable (para no perder los buenos hábitos de una vez) comida mediocre (para un italiano).

es muy tarde, mañana dormido es domingo.

El domingo es el segundo día de vacaciones pero el primer día de verdad en París, después de un buen desayuno, decidimos que no es apropiado usar el coche y aprovechar el famoso metro parisino, que es complejo, rápido y frecuente. Estamos a pocos pasos de la M7 que nos lleva directamente a nuestra primera "atracción": el museo del Louvre.

El Museo del Louvre fue antiguamente el Palacio de los Reyes de Francia, desde la Edad Media hasta la actualidad. Primero fue construido como fortaleza y luego renovado después de las guerras como palacio real. A lo largo de los siglos, el Palacio se deterioró y estuvo casi abandonado. La transformación en museo se debe al ex presidente François Mitterand.

El museo contiene muchas obras de arte de los autores más dispares y entre las obras más famosas del planeta, es como caminar por sus salas, donde podemos admirar esculturas como las tres gracias o la victoria o Nike de Samotracia o pinturas. entre los más preciados y famosos, como el “Juramento de los Horacios” de Jacques-Louis David, por no hablar de “Mona Lisa” o “Gioconda” del genio italiano Leonardo da Vinci.

Desafortunadamente, es prácticamente imposible comer en el museo y es necesario salir para poder hacer una comida "andante", es decir, bocadillos, golosinas y agua.

Después del almuerzo regresamos al museo y "termina", por así decirlo, la visita al museo con dos niños ya ha sido tanto que, al aire libre, descubriendo los jardines de las Tullerías inmediatamente después del monumental arco triunfal del Carrusel. , así como con el Sena. El río principal de París es atravesado por los Bateaubus, imponentes barcos fluviales, que recorren a los turistas a lo largo del río en medio de París mapa en mano caminamos por la margen izquierda hacia el símbolo por excelencia de París, la torre Eiffel, pero la ciudad. ¿No es pequeño, y caminar hasta el monumento partiendo de los jardines de las Tullerías no es fácil, sobre todo con dos niños ahora cansados, es casi la hora de cenar y entramos en otro restaurante italiano todavía es muy temprano para afrontar la cena francesa, este el tiempo es mucho mejor.

Satolli seguimos para intentar llegar a la torre, ya son casi las nueve de la noche y el espectáculo que se nos avecina y de esos que os dejan con la respiración contenida. Cientos de toneladas de metal se elevan sobre nuestras cabezas mientras la torre se ilumina lentamente en amarillo. A las nueve en punto, miles de luces estroboscópicas lanzan sus rayos de luz hacia la noche parisina, a través del Sena el Palais de Chaillot en Trocadero responde al espectáculo.

El espectáculo es simplemente magnífico, pero la larga cola de gente que quiere subir a la torre sugiere que quizás es hora de irse a casa, a estas alturas la tarde está dando paso a la noche y los niños están más cansados ​​que nunca, algunas aventuras para De regreso al hotel en metro, debido al mantenimiento de una línea (La M9), nos obliga a alargar el recorrido y ya es de noche cuando pasamos, cansados ​​(¿se entiende?), las puertas de nuestras habitaciones.

El lunes, después del inevitable desayuno abundante salimos (un poco tarde) para la exploración de la ciudad, normalmente metro con transbordo en la Gare de l'Est con la M4 y aquí desembarcamos en Île de la Cité, el corazón de la ciudad de París, aquí se encuentra la catedral gótica de Notre Dame de París, esta es la catedral católica de la archidiócesis de París.

Según la ley francesa sobre la separación de la iglesia y el estado de 1905, Notre-Dame es propiedad del estado francés, pero su uso está asignado a la Iglesia Católica.

Precedida por un templo galorromano dedicado a Júpiter, una basílica cristiana y una iglesia románica, la construcción de la Catedral de Notre-Dame de París comenzó en 1163, durante el reinado de Luis VII y por voluntad del obispo Maurice de Sully, quien no dudó en hacer demoler la preexistente catedral de Santo Stefano, fundada en 528 por Childeberto I, rey de los francos. Cuenta la leyenda que De Sully tuvo una visión de la nueva catedral y la dibujó en el polvo fuera de la iglesia anterior.

La construcción se inició en 1163, gracias a los recursos aportados por la Iglesia y el soberano, los fondos recaudados por de Sully y la ayuda de los ciudadanos que trabajaban como herreros, albañiles y carpinteros.

El trabajo comenzó con el coro, que se terminó en 1182 junto con los dos caminantes.

Entre 1182 y 1190 se construyeron los vanos de las naves y las propias naves, tras la consagración del coro y el altar mayor. Las obras fueron interrumpidas dejando incompleta la estructura central.

En los 35 años siguientes, hasta 1225, se completó la nave y se inició la construcción de la fachada (1208). Durante la construcción de la fachada se iniciaron las obras y decoración de los tres portales occidentales, y posteriormente la construcción del rosetón.

La fachada principal, orientada al oeste, se completó alrededor de 1250, con los campanarios gemelos terminados entre 1225 y 1250.

Se trata de una iglesia de planta rectangular, con el crucero contenido dentro del perímetro del edificio el espacio interno, caracterizado por la presencia de numerosas capillas laterales y radiales, por lo que se articula según planta de cruz latina, con cinco naves que cierran, en la zona del ábside, con doble ambulatorio.

La nave central consta de cinco tramos dobles, definidos por macizos pilares circulares sobre los que se colocan los arcos apuntados. Sobre los pasillos laterales más internos se encuentra la galería de mujeres, protegida por elegantes ventanas de tres luces y coronada por grandes ventanales con parteluz, uno para cada tramo, que dan luz al interior. La cubierta está formada por bóvedas de crucería y dividida por elegantes nervaduras.

Destacan los pilares circulares y la galería de mujeres, elementos típicos de las primeras catedrales góticas como la de Laon, que de hecho tiene fuertes similitudes con el trazado parisino. La nave de Notre Dame de París no es esbelta y luminosa como la de las catedrales del gótico maduro (Amiens, Reims y Chartres), en las que los pilares, en haces poliestilo, se vuelven más esbeltos y la galería de mujeres se sustituye por una pequeña serie de arcos llamados triforio. Para obtener una mayor iluminación, escasa por la presencia de la galería alta, pocos años después de la construcción se decidió modificar el sistema de aberturas: por lo que el rosetón original y el pequeño ventanal ojival que se abría en la parte superior, fueron sustituidos por el ventana con parteluz. Esto también implicó la modificación del sistema de arbotantes, es decir, las estructuras de soporte que siguen el perímetro exterior del edificio y que son claramente visibles en el ábside.

Característica del arco gótico es su forma de "manos juntas" que se asemeja a la posición de las manos en oración, y este es un elemento de espíritu no indiferente en las simbologías especialmente góticas.

Al finalizar la visita a la catedral llega la hora del almuerzo y así, gracias al buen tiempo y a un banco libre en los jardines junto al edificio religioso, tenemos una comida similar a la del día anterior y posterior a un breve caminar por el Sena, aquí estamos de nuevo en el metro.nos lleva, esta vez mucho más rápido, hacia la torre Eiffel, hoy tenemos la intención de subir y, después de una cola de unas tres horas, subimos al segundo piso de la torre (la tercera se cerró desde el suelo) y luego hasta el tercer piso superior del monumento.

La torre lleva el nombre de su diseñador, el ingeniero Gustave Eiffel, quien también construyó la estructura interna de la Estatua de la Libertad. es visitado en promedio cada año por cinco millones y medio de turistas.

La estructura, que con sus 324 metros de altura es la más alta de París, fue construida en menos de dos años, de 1887 a 1889 se suponía que serviría de entrada a la Exposición Universal de 1889, una Exposición Universal organizada para celebrar el centenario. de la Revolución Francesa. Inaugurado el 31 de marzo de 1889, fue inaugurado oficialmente el 6 de mayo del mismo año.

Trescientos metalúrgicos ensamblaron las 18.038 piezas de hierro forjado, utilizando medio millón de pernos (que fueron reemplazados, durante la propia construcción, por remaches incandescentes). Considerando las condiciones de seguridad existentes en ese momento, sorprende observar que solo un trabajador perdió la vida durante las obras de construcción (durante la instalación de los ascensores) La torre tiene 324 metros de altura con su antena (las antenas de televisión en la parte superior se miden 20 metros de altura) y pesa 10.000 toneladas. Durante 40 años fue la estructura más alta del mundo. Para su mantenimiento también se necesitan 50 toneladas de pintura cada 7 años. Dependiendo de la temperatura ambiente, la altura de la Torre Eiffel puede variar varios centímetros debido a la expansión del metal (hasta 15 cm más durante el calor del verano). En días de viento, pueden ocurrir oscilaciones de hasta 12 cm en la parte superior de la torre. Cuando se construyó, hubo cierta resistencia por parte del público, ya que se pensó que sería una estructura estéticamente pobre. Incluso hoy en día es poco apreciado por algunos parisinos que lo llaman el "espárrago de hierro". Sin embargo, generalmente se considera uno de los ejemplos más extraordinarios de arte en la arquitectura y, sin duda, uno de los símbolos más representativos de París en el mundo.

En cualquier caso, la vista que se disfruta desde allí arriba ofrece una visión de conjunto de un París, pequeño e ilimitado, delicado y poderoso, suspendido entre el sueño y la realidad, los monumentos más significativos se reconocen con bastante facilidad y subrayan su grandeza también desde esta Altitud: El Arco de Triunfo, los monumentos del Trocadero, el edificio del museo del Louvre, el Sacré Cœur de Montmartre o el Panteón, entre otros.

Tomamos un refrigerio y bajamos, la noche está sobre nosotros, nos vamos a casa, cenamos y nos acostamos, el segundo día en París ha terminado.

El martes es el cuarto día en Francia y el tercero en su capital, con los niños hemos caminado mucho en los dos últimos días y por eso, para hoy nos dedicamos a algo más dulce, caminar en Montparnasse, pero primero, vamos a un Rincón de la ciudad que quizás sea desairado por los turistas (de hecho hemos conocido a algunos) y no solo porque tenían que empezar las auténticas vacaciones de Semana Santa.

Nuestro destino era el Museo Nacional de Historia Natural, Departamento de Jardines Botánicos y Zoológicos, ¡pero cerrado los martes! La única parte abierta (aparte del parque) era el ménagere du jardin des Plantes, o para decirlo en italiano, el zoológico.

Y aquí estamos descubriendo el zoológico de París, y el descubrimiento es que los animales hablan el mismo idioma en todo el mundo, por suerte.

Entre canguros, pandas rojos, perros extraños, antílopes, emús, la casa de reptiles bien surtida, etc., pasamos el día en este jardín y llegó el momento de almorzar a la salida, caminar por las calles de la ciudad pasando por el Pantheon (tarifa de entrada) y los jardines de Luxemburgo (donde se encuentra el Senado francés), la sorpresa fue agradable al descubrir que junto a la piscina, el Senado ofrece sillas personalizadas para los usuarios del parque.

Un mega parque infantil inusualmente vallado (porque hay que pagarlo) atrajo la atención de los niños, pero la tarifa no era exactamente para niños, un poco decepcionados y nos dimos por vencidos. La ricerca di un buon ristorante, questa volta francese, ha occupato il resto della serata, cena in Boulevard Montparnasse, metrò e a nanna.

Domani si riparte, ma non per rientrare in Italia, la nostra nuova meta e Mont saint Michel, ma questa è un’altra storia. Ma se avete voglia di vedere alcune delle foto del nostro viaggio, potete trovarle a questo link.

Guarda il video delle foto della gita su


Cosa vedere a Parigi: giorno 2

Le cose da vedere a Parigi erano ancora tante e quindi anche la seconda giornata è iniziata presto. Quella mattina, inoltre, era in programma la tappa più fuori dal centro di tutto il mio itinerario di tre giorni a Parigi. Uscito dall’hotel, sono andato a prendere la metro alla stazione Guy Môquet. Da qui con la linea 13 ho raggiunto Saint-Denis, un comune ormai inglobato nell’area metropolitana di Parigi in zona 3. Vi starete chiedendo: “Con tutte le cose che ci sono da vedere a Parigi, che ci sei andato a fare? Che ci sarà di così interessante? Ve lo dico subito.

Basilica di Saint-Denis

La risposta è una. Sono andato a visitare la Basilica di Saint-Denis. Sono un grande amante dello stile gotico e pare proprio che questo stile architettonico sia nato qua. Nella prima metà del XII secolo, il potente abate di Saint-Denis Sugerio volle rinnovare la vecchia chiesa carolingia. In quella occasione egli fu il primo a utilizzare l’arco acuto e gli archi rampanti, tipici dello stile gotico.

Una leggenda ruota attorno alla fondazione della basilica. San Dionigio, patrono di Francia, fu martirizzato dove oggi sorge il quartiere di Montmartre. Secondo la leggenda, dopo esser stato decapitato, si rialzò, raccolse la sua testa e iniziò a camminare in direzione nord, per poi accasciarsi dove oggi sorge Saint-Denis. Una donna romana, Catulla, seppellì il Santo secondo le usanze cristiane in un pezzo di terra di sua proprietà. Si sa invece per certo che lì sorgeva una necropoli gallo-romana, dove furono sepolti i santi martiri. Santa Genoveffa, patrona di Parigi, fece visita in quel luogo e convinse la diocesi di Parigi di far erigere un tempio in quel luogo sacro. Quel primo nucleo ha poi subito vari rifacimenti nei secoli, fino ad arrivare alla Basilica di Saint-Denis che oggi possiamo visitare.

Oltre a questo, la Basilica di Saint-Denis ha un forte significato storico. Qui furono seppelliti tutti i re di Francia. All’interno della Basilica si possono vedere circa una sessantina di monumenti funebri e le tombe nella cripta reale. Purtroppo molti dei corpi sono contenuti in un ossario, perché le tombe furono profanate durante la Rivoluzione Francese e le spoglie dei sovrani gettate in una fossa comune.





Monumento funebre di Maria Antonietta e Luigi XVI
Tomba di Maria Antonietta nella cripta della Basilica di Saint-Denis

Centre de Pompidou

Finita la visita alla Basilica di Saint-Denis, ho ripreso la metro 13 per tornare al centro di Parigi. La tappa successiva della giornata è stata il Centre Pompidou. Però, prima di entrare, sono andato a vedere la vicinissima Place Igor Stravinsky. La particolarità di questa piazza è la presenza di una fontana, chiamata Fontaine des automates, composta da sculture in alluminio colorate che si muovono grazie ai getti d’acqua. Sfortunatamente al mio passaggio la fontana eera spenta, però è stata molto carina da vedere.

Sono quindi entrato al Centre Pompidou, che ospita all’interno un grandissimo spazio espositivo di arte contemporanea. Si presenta come un edificio alquanto insolito. La struttura portante e gli ambienti di collegamento tra le diverse aree dell’edificio sono sistemate all’esterno. Sulla facciata si possono vedere quindi scale mobili e grossi tubi colorati. I colori sono diversi in base alla funzione dei vari elementi: il blu per l’aria, il verde per il liquidi, il giallo per i cavi elettrici e il rosso per le vie di comunicazione. Questa organizzazione permette di avere un ampio spazio interno da utilizzare per le esposizioni e le diverse attività. Oltre alla collezione di arte contemporanea, ospita una biblioteca pubblica, sale cinematografiche e teatrali, spazi per attività pedagogiche, un centro di ricerca sulla musica, librerie, un ristorante e un bar.

Uscito dal Centre Pompidou, ho fatto pranzo al vicino Restaurant Flunch. Ce ne sono diversi a Parigi e sono un’ottima soluzione se si vuole spendere poco. Mangiare a Parigi non è affatto economico!

Place Igor Stravinsky
Edificio del Centre Pompidou


Panorama dal Centre Pompidou

Cattedrale di Notre-Dame e il Quartiere Latino

Giusto il tempo di un pranzo veloce, mi sono messo subito in marcia perché le cose da vedere a Parigi erano ancora molte. Dal Centre Pompidou è stato facilissimo raggiungere a piedi la Cattedrale di Notre-Dame. Lungo il tragitto sono passato davanti all’Hôtel de Ville, il municipio di Parigi ospitato in un edificio in stile neorinascimentale.

Poco dopo sono arrivato davanti a uno dei luoghi più famosi da vedere a Parigi: la Cattedrale di Notre-Dame. Si trova sul lato orientale dell’Île de la Cité, un isolotto fluviale della Senna, e rappresenta uno degli edifici gotici più iconici del mondo. Sfortunatamente, ho potuto vedere solo la facciata esterna perché la cattedrale è chiusa da quando il tetto è crollato durante l’incendio del 15 aprile 2019. Speriamo di poter tornare a visitarla presto!

Sono arrivato sull’altra sponda della Senna, dove sorge il Quartiere Latino. Il nome è legato al fatto che qui già in passato sorgevano le istituzioni d’istruzione di livello superiore, quindi dove si studiavano le materie classiche. Dal XII secolo, non a caso, in questa zona di Parigi si trova la famosa Università della Sorbona. Il Quartiere Latino non è solo questo, ma è uno dei più pittoreschi di Parigi. È costituito principalmente da stradine e piazzette con locali e negozi coloratissimi. Tra questi c’è anche la famosa Shakespeare and Company, una delle librerie più famose del mondo. Fondata nel 1919, è stata sin da subito un punto di ritrovo di scrittori, tra cui Ezra Pound, Ernest Hemingway e James Joyce. E a propostito di stradine, nel Quartiere Latino si trova Rue du Chat-qui-Pêche, la strada più stretta di Parigi, larga appena 1,80 metri.

Hotel de Ville, Municipio di Parigi
Cattedrale di Notre-Dame

Libreria Shakespeare and Company


Quartiere Latino
Rue du Chat-qui-Pêche, la strada più stretta di Parigi

La Sainte-Chapelle

Successivamente sono tornato sull’Île de la Cité, per visitare la Sainte-Chapelle. Secondo me, è una delle cose più belle da vedere a Parigi, quindi cercate di includerla nel vostro itinerario. La sua costruzione risale al XII secolo, quando re Luigi IX commissionò la costruzione di una cappella privata all’interno del suo palazzo. Il suo intento era quello di custodirvi la Croce di Spine di Cristo, un pezzo della Croce e altre reliquie di cui era entrato in possesso.

Superata la biglietteria, si accede alla cappella inferiore. Appena si entra, si resta con la bocca aperta per la bellezza dei decori. Si presenta divisa in tre navate da delle colonnine con capitello e con una volta a crociera. Nella zona dell’abside si può vedere la statua di Luigi IX. La volta a crociera è intermanete affrescata con gigli, che richiamano lo stemma del re di Francia, su un fondo blu.

Prendendo una scala, si accede alla cappella superiore. E se prima ero rimasto a bocca aperta, qui lo sono rimasto ancora di più. Come da buona tradizione gotica, l’edificio ha un’altezza considerevole. Si presenta a navata unica e con lo stesso schema decorativo della cappela inferiore. Qui, però, a colpire il visitatore sono soprattutto le grandi vetrate policrome che raccontano fatti narrati nelle Sacre Scritture, iniziando dall’Antico Testamento, passando al Nuovo, fino ad arrivare all’Apocalisse. Nell’abside si trova l’imponente altare-reliquario che era utilizzato per custodire la Corona di Spine e le altre reliquie della Passione di Cristo.



Cappella inferiore
Cappella superiore

Champs Élysées e Arco di Trionfo

Uscito dalla Sainte-Chapelle, sono ritornato all’Hôtel de Ville e da lì ho preso la metro Linea 1 per raggiungere gli Champs Élysées , il famoso viale alberato di Parigi, ricco di negozi di ogni tipo. L’ho percorso dalla fermata della metro Champs-Élysées – Clemenceau fino all’Arco di Trionfo.

Altro simbolo indiscusso della città insieme alla Tour Eiffel, l’Arco di Trionfo è senza dubbio tra le cose da vedere a Parigi assolutamente. Si trova al centro di Place Charles de Gaulle e per potervi arrivare è necessario prendere un sottopassaggio. Non provate ad attraversare la piazza, mi raccomando! La sua costruzione fu voluta da Napoleone Bonaparte per celebrare la vittoria di Austerlitz. Pare infatti che egli abbia promesso ai suoi soldati che sarebbero tornati vittoriosi a Parigi, passando sotto gli archi di trionfo. Mantenne la promessa e fece costruire l’Arco di Trionfo per celebrare la sua impresa.

Il monumento ha delle dimensioni considerevoli. È alto 50 metri, largo 45 e ha una profondità di 22 metri. Sapendo che Napoleone era un persona con un grande ego, non mi meraviglia che abbia voluto un’opera così maestosa. Presenta sulle sue pareti dei bassorilievi che raccontano scene della rivoluzione e dell’impero napoleonico. È possibile salire sulla sua terrazza in cima e ammirare una vista a 360 gradi su tutta Parigi e un panorama d’eccezione sugli Champs Élysées . Si riescono a vedere il Grande Arche de la Défense da un lato, il Museo del Louvre dall’altro, la Tour Eiffel e tutti gli altri principali monumenti di Parigi.

Inoltre, sotto l’Arco di Trionfo, si trova la tomba del milite ignoto. Ogni sera alle 18:30 si tiene una cerimonia in cui i membri dell’Associazione dei Combattenti o delle Vittime di Guerra ravvivano la fiamma perenne.

Arco di Trionfo
Alcuni bassorilievi



Museo del Louvre

Ultima tappa della seconda giornata a Parigi è stata il Museo del Louvre. Nonostante avessi il Paris Pass, e quindi l’accesso gratuito e prioritario, ho dovuto comunque fare una prenotazione gratuita. Serviva semplicemente per avere un biglietto con l’ingresso a un determinato orario. Io ho scelto di entrare alle 18, dato che il venerdì il Museo del Louvre è aperto fino alle 21:45 (anche di mercoledì).

L’ingresso del Museo del Louvre è dalla Grande Piramide che si trova al centro del cortile d’onore. Pur avendo accesso prioritario, ho dovuto fare la fila (di pochi minuti) per i controlli di sicurezza. Una volta entrato, ho lasciato le mie cose nell’armadietto e preso una mappa del museo.

Visitare tutto il Museo del Louvre è impossibile. È proprio vero quando si dice che ci voglia un mese per vederlo tutto. Quindi, dovete entrare con l’idea che ne vedrete un pezzo. Il mio consiglio è di informarvi prima su cosa vedere al Louvre, segnarvi le opere o i periodi storici che vi interessano e cercarli con l’ausilio della mappa e chiedendo al personale quando vi perdete (vi assicuro che succede!).

Non sto qui a elencarvi le opere che ci sono e che ho visto, perché finirei domani. Quelle che mi sono rimaste più impresse sono sicuramente la Nike di Samotracia, la Venere di Milo, Amore e Psiche di Canova, la Vergine delle rocce di Leonardo da Vinci, Le nozze di Cana di Veronese (si trova di fronte alla Monna Lisa).

Museo del Louvre
Ingresso del Louvre
Nike di Samotracia
Venere di Milo
Amore e Psiche

Piramide del Louvre illuminata

Il mio incontro con la Gioconda

E sì, poi c’è Lei! La grande protagonista del Museo del Louvre: la Gioconda. Mi avevano detto: “Non farti grandi aspettative perché ti deluderà”. Da come me ne avevano parlato, sembrava quasi che mi sarei trovato di fronte a un quadretto in miniatura e invece no… non è grandissimo come dipinto, sì, ma non a tal punto! È anche vero che si trova in una parete da sola e che nella stessa sala sono esposte tele molto più grandi: una fra tutte Le Nozze di Cana di Veronese. Comparata con le altre opere della sala, è indubbiamente molto piccola.

Mi aspettavo di trovare una folla oceanica e di dover vedere la Gioconda da lontano. Invece il museo ha organizzato due percorsi su file separate, in modo che a turno tutti possano ammirarla da vicino e scattare una foto. Ovviamente sta nel senso civico di ognuno non fermarsi a lungo, permettendo anche agli altri di ammirare il dipinto.

La Monna Lisa

Ingresso in Francia da un paese extra Europa

Tutti gli spostamenti tra la Francia e i paesi al di fuori dello spazio europeo sono vietati. Sono possibili deroghe in caso di motivi imperativi di ordine personale o famigliare, salute o professionali che non possano essere posticipati. Per attestare il motivo di urgenza è necessario compilare una dichiarazione giurata, scaricabile dal sito del Ministero dell’Interno. (Link esterno) La dichiarazione dovrà essere presentata alla compagnia aerea al momento dell’imbarco ed essere accompagnata dai documenti necessari.

Dal 12 marzo non è più necessario giustificare il motivo di urgenza per i passeggeri in arrivo o verso Australia, Corea del Sud, Israele, Giappone, Nuova Zelanda, Regno Unito e Singapore.

Per entrare in Francia da un paese extra europeo sarà necessario: eseguire un test a mezzo tampone PCR molecolare al massimo 72 ore prima dell’ingresso in Francia, compilare l’autocertificazione, (Link esterno) rispettare un isolamento di 7 giorni e eseguire nuovamente un tampone PCR molecolare alla fine del periodo di isolamento.

Per maggiori informazioni sui controlli sanitari alle frontiere in funzione dal paese di provenienza consultare le il sito del Ministero dell’Interno francese (Link esterno) .
Per maggiori informazioni: visitate il sito del Ministero dell'Europa e degli Affari Esteri (Link esterno)


Parigi di sera: i ristoranti e i locali più caratteristici del quartiere latino

Tra i quartieri di Parigi, quello latino è uno dei più vivaci, da vivere soprattutto di sera, cenando in uno dei ristoranti della zona, magari dopo un happy hour in un bar. Ecco quali sono i locali più caratteristici dove mangiare nel quartiere latino a Parigi.

  • Le bar Dix: Posizionato su Rue de l’Odéon il bar è perfetto per un aperitivo nella vivace atmosfera del quartiere latino.
  • Le Crocodile: Arredato come un’aula scolastica, il locale è rinomato per i suoi cocktail e si trova su Rue Royer-Collard.
  • El Palenque: Per chi vuole immergersi nella cultura sudamericana il locale su Rue de la Montagne-Ste-Genevieve, con cucina argentina, è l’ideale.

  • Cafè Mabillon: Posizionato su Boulevard St-Germain il locale non chiude mai ed è perfetto per un happy hour nel quartiere latino.
  • Les Bouquinistes: Lungo la Senna su quai des Grands-Augustins si trova il Bistrot dello chef Guy Savy famoso per la sua cucina creativa.
  • La Tour d’Argent: Posizionato su quai de la Tournelle il locale offre una splendida vista su Notre Dame ed è famoso per l’anatra all’arancia.
  • L’Epi Dupi: Il ristorante, famoso per il merluzzo, si trova su Rue Dupin e rappresenta un locale elegante e rinomato del quartiere latino di Parigi.


A Parigi… a Parigi

Si può dire che tutta la
nostra adolescenza non sia stata altro che una lunga attesa del momento in cui saremmo andati a Parigi .
Badate bene, non una qualsiasi località della Francia, peraltro bellissima, ma proprio Parigi perchè?, vi chiederete- Perchè siamo cresciuti con il commissario Maigret. Il personaggio creato da Georges Simenon che per la mia generazione avrà sempre il volto di Gino Cervi, cappello e pipa compresi, approfondita successivamente dalla lettura dei romanzi.

Anche la sigla cantata dal povero Tenco, non si sa bene perchè, è evocatrice di atmosfere e luci nordiche indimenticabili. Negli spazi lasciati ad un certo punto liberi dalla figura di Maigret si insinuano certi tipi interpretati da Jean Gabin prima e Belmondò poi, seguito negli ultimi anni della nostra giovinezza dalle atmosfere di Truffaut, in atmosfere in bianco e nero indelebilmente concorrenti a formare un cotè di nostalgia, impossibile visto che nessuno di noi due era mai stato a Parigi o in Francia prima, particolare importante visto anche c
he Simenon era belga e non francese.

Tutti voi a questo punto avrete capito che mio marito ed io eravamo completamente innamorati di qualcosa che non conoscevamo affatto dal vero, come il protagonista del film di Emir Kusturica.

L’occasione per colmare la lacuna arriva con un compleanno importante che decidiamo di trascorrere nella capitale francese per una intera settimana.
Il programma è già stabilito dall’Italia: mattinate ai musei e pomeriggi in libertà.

Grazie ai pacchetti che offre l’amministrazione museale della città, siamo entrati comodamente senza file nelle maggiori pinacoteche.

All’antica Abbazia di Cluny, ora Museè du Moyen Age, la mente compie un viaggio a ritroso di mille anni, stanze e stanze stracolme di statue, bassorilievi, oggetti, ori ed arazzi a partire dalla caduta dell’Impero Romano, quando in Europa si instaura la religione cristiana e tutta l’arte vive dell’aspirazione dell’uomo verso Dio.

Tra le miriadi di oggetti e cose, resta scolpita la stanza dedicata alla Dama del Liocorno, allegoria dell’educazione di una fanciulla nobile su arazzi dal fondo rosso meravigliosi. Durante la visita a questo museo, il più antico e dedicato ad un’epoca lontana e difficile, ci siamo imbattuti in scolaresche di scuola primaria con bimbi schierati a terra a gambette incrociate che ascoltavano in silenzio le maestre mentre spiegavano: mai visto niente di simile da noi.

Naturalmente la parte del leone l’ha fatta il Museè du Louvre l’antica residenza dei Re di Francia risalente al 12^ sec. è nata come fortezza di difesa dalle incursioni normanne, si è trasformata ed ampliata nei secoli sino a quando, nel XVIII sec. su impulso di Luigi XV venne destinata a museo trasformata in immensa pinacoteca che raccoglie il meglio esistente al mondo, come sappiamo frutto anche delle scorribande dell’armata napoleonica non volendoci perdere nulla, iniziamo dal piano alto, dove sono le opere degli ultimi secoli, e dove per accedervi si rende omaggio alla Venere di Samotracia: a seguire, interminabili corridoi di opere del settecento ed ottocento, spiccano i saloni dedicati alle immense opere di Jacques Louis David, il pittore di Napoleone, attraverso cui ci sono arrivate le immagini dell’incoronazione e del famoso ritratto a cavallo, oltre ad una sconvolgente immagine di Murat assassinato da Carlotta Corday.
Scendendo ai piani bassi, si resta impressionati dalla quantità considerevole di opere italiane presenti: noi siamo rimasti impressionati dalla folla in fila per ammirare il ritratto di Monna Lisa, la Gioconda di Leonardo, mentre in un’altra sala ci siamo fatti una ragione del fatto che anche il crocifisso di Giotto faccia parte del bottino di guerra. Anche i musei italiani hanno opere straniere, ma le nostre al Louvre sono semplicemente le migliori e ne fanno la differenza (forse indulgo un tantino al campanilismo ma non credo di essere la sola). Non è escluso che in una ipotetica restituzione all’Italia di quanto sottratto, la direzione del Louvre dovrebbe chiuderne intere ali.
Una mattina andiamo al Museo Delacroix, in Rue de Furstenberg, 6.

L’autore de “La libertà guida il popolo”, icona del Risorgimento europeo, abitava questo studio luminoso che si snoda ad “elle” attorno ad un cortile interno che ricordava molto quello citato da Bertolucci nei “Dreamers”. Oggi questo studio-abitazione dell’artista nehli ultimi anni della sua vita ( dal 1857 al 1863 quando è morto) è quindi adibita a museo con tutti i mobili dell’epoca, le carte e molte opere: tutto questo grazie all’interessamento di due suoi amici e protetti.
Una mattina di pioggia incessante (siamo andati ad inizio marzo) abbiamo visitato l’Orangerie, museo ubicato in un’ala del palazzo reale e a cui si accede attraverso il giardino delle Tuileriee in queste sale sono esposte le famosissime “Ninfee” di Claude Monet, simbolo dell’impressionismo ci si avvolge in queste atmosfere verde-viola liquide e ci si sente veramente come in un bosco o in prossimità di uno stagno al tramonto.
La visita al Musee d’Orsay, peraltro non lontano dal Quai-des-Orfevre quartier generale di Jules Maigret, ci ha portato invece in un’epoca diversa, ottocento-inizi novecento, e rimangono veramente impressi i saloni dedicati a Modigliani, o i padiglioni di mobili biedermeyer di questa vecchia stazione riconvertita in pinacoteca, attraversata da condutture e tutta aperta sul piano terra, in stile liberty.

Ma il nostro viaggio a Parigi non ci ha visto solo visitatori di musei. I nostri pomeriggi erano dedicati invariabilmente, dalle quindici e trenta in poi, alla visita dei quartieri.

Innanzitutto, il quartiere latino, dove era il nostro albergo (chez Maxim’s, delizioso e tipico, con arredamento in ferro battuto e ricchi tendaggi, a due passi dalla Sorbonne e da Rue de la Contrescarpe). Questo quartiere è addossato alla Rive Gauche e collegato attraverso Fabourg Saint Germain, alla Senna e a Notre Dame.

Alla visita a Notre-Dame ed al quartiere circostante abbiamo dedicato un’intera mattinata. Il tempo di quel giorno fu in assoluto il peggiore di tutta la settimana trascorsa nella città, ciò nondimeno l’immensa chiesa affacciantesi sul grande fiume che attraversa Parigi, pur sferzata da un vento gelido che increspava e intorbidiva le acque del fiume, si ergeva in un fascino indimenticabile. Il portale medievale sormontato di statue domina il “parvis” sotto il quale abbiamo visitato l’antica Lutèce romana, la culla di Parigi fondata da Giulio Cesare nel 52 a.c., contendendo l’antico villaggio abitato dal popolo gaulois dei Parisii al grande Vercingetorige e mantenendolo per 452 anni. Il vasto interno della chiesa illuminato da vetrate (purtroppo la visita sul perimetro laterale era interdetta da lavori), restano indelebili nella memoria. Ai lati, Notre-Dame è circondata dall’Hotel Dieu, antico ospedale risalente al 18^ secolo. Dal lato Senna si affacciano bancarelle di libri antichi e vecchi negozi. Di quella giornata non si può dimenticare la visita alla Concièrge, le antiche carceri dove nelle volte sotterranee rimane incancellabile la narrazione delle gesta di Abelardo ed Eloisa, la coppia di amanti medievali simbolo della passione divina, l’attenzione di Parigi per quest’epopea si trova documentata anche al Père Lachaise, il più famoso cimitero della città che ospita un tempietto universalmente venerato come la loro tomba. Della visita al Père Lachaise serbiamo un ricordo dolcissimo la passeggiata lungo i viali a scalinate, dove ad ogni angolo troviamo tombe di personaggi ed artisti, molti italiani, sognati ad occhi aperti, come ad esempio Modigliani o Piero Gobetti, Rossini o anche la povera Marie Trintignant, e il ricordo delle epigrafi marmoree che attestano vite passate e morti ancor più gloriose sono appena paragonabili da noi alla dolcezza del cimitero inglese o acattolico di porta San Paolo ad Ostiense nello scolorire del pomeriggio primaverile l’animo si ben predisponeva alla contempazione ed alla pace.
Nel nostro girovagare pomeridiano per i quartieri, che sceglievamo guidati unicamente dai nostri personalissimi “amarcord”, armati di baguette che in Francia si trova appena sfornata praticamente ad ogni ora del giorno nelle boulangerie, abbiamo deciso di spingerci sino a Saint Denis. A tredici fermate di metropolitana dal centro città si trova la banlieu di Saint Denis, dove si può visitare la famosa abbazia, intitolata al vescovo cristiano inviato nel 250 d.c. ad evangelizzare i Galli e martirizzato da Diocleziano o dai Valeri, che custodisce le tombe dei re di Francia. Meta di turismo d’elite, essa mostra ai visitatori i mausolei dove riposano i re dall’epoca capetingia in poi, in sarcofagi monumentali sormmontati da effigie e necrologi.
L’abbazia è stata costruita nel VII secolo e dopo re Dagoberto vi sono state traslate le tombe dei re, sorta di sacro Pantheon, dal X sec. in poi e fino alla rivoluzione francese, con i resti dei Borboni riesumati dalle fosse comuni.
Alla fine della visita, non abbiamo saputo resistere dal visitare le vicinanze del luogo sacro, addentrandoci nel sobborgo parigino a maggioranza di colore abbiamo preso un caffè in un vecchio bar, il cui arredamento risaliva probabilmente agli anni quaranta, nella strada principale un concertino di artiste di strada, donne anziane abbigliate in modo variopinto ed ispirato a certa moda americana del periodo maccartista, cantavano vecchie canzoni accompagnandosi con una tromba. Uno spettacolo stupendo.
Prima di lasciare il quartiere, dove per’altro si arriva in una modernissima ed efficiente stazione della metropolitana, abbiamo assaggiato uno splendido e succulento doner kebab in un locale turco, dove siamo stati serviti dalla figlia del proprietario nella sala al piano superiore e vista sulla piazza, dove avevano facoltà di mangiare i soli clienti che ordinavano il “piatto”. Inutile dire che durante tutto il pomeriggio a Saint Denis abbiamo nutrito seri dubbi sulla reale uscita della Francia dall’epoca coloniale, o forse era solo un riflesso della nostra inguaribile fantasia, chissà…
Restando nel tema del cibo, voglio chiarire che durante tutta la permanenza a Parigi la regola che abbiamo seguito è stata quella di provare ogni sera una cucina diversa. In questo proposito siamo stati aiutati dal fatto di avere l’albergo nel quartiere latino, zona ad altissima presenza di locali di ogni nazionalità.

Ciò ci ha permesso di scegliere ad esempio già dalla prima sera la cucina basca, a base di ineffabili affettati, vini rossi deliziosi, un locale dai caratteristici piccoli tavoli quadrati in legno addossati gli uni agli altri, cosa che favorisce gli incontri, ed infatti abbiamo socializzato immediatamente con i nostri vicini, una coppia belga con la quale era possibile parlare un francese comprensibile misto ad un discreto italiano da parte loro. Non possiamo d’altronde dimenticare l’esperienza nel ristorante libanese, da Roger, che ha riempito il nostro tavolo di decine di piccole ciotole con verdure e salse di tutti i tipi e l’immancabile fornellino con l’agnello caldo, servendoci di persona. Anche la visita al ristorante greco ci è piaciuta, un locale gremitissimo forse un po’ troppo turistico, ma nel complesso soddisfacente. La novità assoluta è stata invece per noi la visita al ristorante francese, dove siamo andati appositamente per provare la fondue bourgognonne, un’eperienza esilarante dove il proprietario si è esibito in una prova di cottura al momento, visto che non eravamo in grado di capire come si facesse: devo dire che c’è bisogno di un buon coordinamento mani e stomaco per affrontare quel piatto. Inutile dire che tutte le nostre serate sono state accompagnate da ottimi vini, esclusa la serata alla crèmerie, locale stile “bonne maman” dove servono solo crepes e creme varie e si bevono solo succhi, frullati e sidro.
Durante la nostra permanenza a Parigi, come ha già compreso chi mi legge, noi vedevamo non solo la città reale, ma anche ed irrevocabilmente la città che ci è arrivata attraverso le nostre letture giovanili e la vicinanza di alcuni settori culturalmente affini. Eccoci quindi un pomeriggio seduti al Fabourg Saint Germaine nella veranda riscaldata del Cafè du Flore: in questo luogo sono stati concepiti i capolavori di Jean Paul Sartre e Simone de Beauvouir, scrittori francesi molto amati, icone del novecento. Anche la visita della vicina chiesa, un tempo abbazia fuori le mura, ci ha permesso di seguirne la storia nei secoli attraverso un buon percorso didattico sito all’interno.
La domenica mattina non abbiamo mancato l’appuntamento con il “mercato delle pulci” più famoso di Parigi: quello che si tiene alla “Porte de Glignancourt”. Per arrivare in questa periferia il viaggio in metropolitana si svolge anche in tratti a vista, permettendoci di godere di scorci di Parigi indimenticabili, nonché dell’affasciante brulicare dei suoi milioni e milioni di abitanti. Anche se nel viale di accesso somiglia un po’ alla nostra Porta Portese, con venditori di ogni nazionalità, prodotti cinesi, giocatori delle tre carte, dopo si snoda un dedalo infinito di espositori, una periferia industriale struggente nel paesaggio invernale, centinaia di punti vendita con montagne di oggetti, rigattieri specializzati dove è possibile trovare di tutto, da abiti vintage a mobili in perfetto stato, collezioni di dischi, libri, manifesti, chincaglieria, scarpe, occasioni irripetibili e materiali per sognare.

Non si poteva andare a Parigi senza visitare la collina di Montmartre. La metropolitana ci scende a Pigalle, vecchio quartiere malfamato pieno di club, cinema osè e teatri, cafè-chantant e locali con spettacoli per tutte le inclinazioni a tutte le ore anche la mattina a colazione dal boulevard Pigalle una strada si inerpica tortuosa su su per la collina di Montmartre, la “collina dei martiri cristiani”, come pare derivi il nome dall’antico toponimo latino.

La facciamo a piedi, per non perderci la visione mozzafiato della piazzetta degli artisti e la chiesetta dei Saint-Michel l’amarcord è feroce, i colori sono gli stessi del secolo XIX^ visitiamo il quartiere che conserva ancora le insegne del “Lapin agile”, vecchio bistrot dei pittori bohemiènne e l’unica vigna di Parigi ancora a cielo aperto, chissà fino a quando si conserverà. La visita al Sacre-Coeur con vista sull’immensa città conclude il pomeriggio in collina: scendendo, incontriamo la casa dove è vissuto Eric Satie, il famoso musicista.
La domenica pomeriggio visitiamo Places de Vosges, piazza alberata secentesca quadrata, delimitata da portici, dove è possibile ammirare artisti di strada, ed infatti quel pomeriggio abbiamo avuto il privilegio di ascoltare un soprano di sesso maachile, qualcosa di unico e sublime.


Tutto il Marais è ammantato di un’aura speciale, avendo conservato intatto il fascino della città vecchia sfuggito agli ampliamenti ed alle demolizioni di Haussmann nell”800. Nel quartiere vive una nutrita comunità ebraica, e ciò lo arricchisce di negozi e librerie molto particolari.

Nel quartiere parigino di Belleville, un tempo paesino che ha dato i natali nel 1915 alla grande Editr Piaf, “il passerotto di Parigi”, la più grande famosa e amata cantante di Francia, abbiamo potuto immergerci in un caleidoscopio di razze, usanze, colori, merci di ogni specie ed in particolar modo asiatiche vecchie cinesi in antico costume sedevano in minuscoli tuguri vendendo spezie come se fossero al mercato di Shangai, mentre le boucherie musulmane offrivano polli a prezzi stracciati e montagne di legumi semi-estinti troneggiavano pronti ad essere ceduti dietro compenso da vecchi venditori allampanati in palandrana e codino. Incredibile, un pezzo di Asia nel cuore della Ville Lumière!!
L’ultimo giorno della nostra permanenza abbiamo visitato lo splendido Jardin de Plantes (Orto Botanico), ricco di piante fiori alberi arbusti di ogni specie e genere, aperto e pieno di gente che liberamente faceva sport o semplicemente si scaldava al sole. La visita alla Moschea islamica conclude il nostro soggiorno parigino, lasciandoci una incommensurabile voglia di ritornare, consapevoli che sei giorni non potevano bastare per assaporare questa meraviglia della civiltà occidentale che risponde al nome di Parigi.


Video: VIAJAR Francia en FURGONETA CLASICA CAMPING en FRANCIA PARIS EST